La vida se va tejiendo delante de nuestras narices. De forma más o menos consciente vamos tomando pequeñas decisiones que marcarán irremediablemente nuestro porvenir futuro.
Hace menos de dos años que la mayoría de mis amigos y yo acabamos la carrera. ¿Qué hacer después? Unos optaron por empresas informáticas, otros por seguir formándose, otros haciendo oposiciones para policía nacional…
Yo opté por hacer oposiciones al cuerpo de profesores de ciclos formativos. No salió y conseguí una beca en el SAII. Un “trabajo” bien remunerado y en el que se trabaja sólo por las mañanas.
Hasta ahí se puede decir que llegue de manera más o menos inconsciente, pero, una vez dentro me propusieron colaborar con una investigación. Es en ése momento cuando tenía ante dos panoramas opuestos:
a) Decir que no. Ahorrarme mil preocupaciones y dedicarme tan sólo al SAII y a rascarme la barriga por las tardes.
b) Decir que sí y aceptar más trabajo sin saber siquiera si iba a cobrar. Tener que practicar el inglés y estar las tardes pringando.
Yo opté por arriesgar y lanzarme a por la b. Hay momentos en la vida en los que hay que apostar, apretar los dientes y luchar. Y creo que en estos momentos de crisis es necesario aprovechar cualquier oportunidad.
Y como suele ocurrir con estas cosas una cosa llevó a la otra y después de unos meses de duro trabajo echo la vista atrás y puedo ver cómo ha cambiado mi camino original:
- He aprendido muchas cosas sobre cómo organizar un proyecto grande (reuniones score, repositorios, documentación doxygen…)
- He trabajado con elementos que desconocía de ingeniería del software (esqueletos, patrones de diseño…)
- He realizado mi primera publicación (en realidad fueron tres
- He asistido a mi primer congreso (con exposición de póster en inglés)




Comentarios recientes