¿Cómo acabé en Estados Unidos?

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Hoy quiero compartir la cadena de decisiones que acabaron llevándome al otro lado del charco.

Todo empezó en Tenerife al acabar la carrera de informática. A mí me encantaba vivir en las islas y no quería moverme de allí. Por lo que me busqué la vida para poder vivir lo mejor posible en dichas circunstancias. Y me decidí por buscar la mayor estabilidad posible.

Por lo que me preparé las oposiciones para ser profesor de instituto. Alguna gente no lo entendía… ¿tanto estudiar para acabar enseñando multiplicar matrices? Pero yo lo tenía claro: trabajo estable, un horario inmejorable y muchas vacaciones. Hay quien encuentra el sentido a la vida a través del trabajo. Pero yo sabía que mi felicidad está en el tiempo libre. Obviamente, es importante disfrutar del trabajo pero creo que lo mejor de la vida se da después de las cinco de la tarde 😉

Sin embargo, aunque aprobé el exámen, no conseguí plaza. Por lo tanto, mi sueño de estabilidad se vino abajo. Y entonces me di cuenta de que si me quedaba en las islas no iba a tener ni estabilidad ni un salario decente… Me centré entonces en el plan B, buscar el mejor salario posible. Había varias posibilidades. La más obvia, la península que, aunque más cómoda por el idioma, es famosa por sus larguísimas jornadas (es bastante normal salir a las ocho de la noche) y bajos sueldos. Por lo que decidí volar al extranjero.

Alemania está de moda pero después de llevar toda la vida aprendiendo inglés y aún así siendo incapaz de leer un libro o ver una película sin subtítulos me hizo descartar la idea de aprender alemán. Por lo que me decidí por Inglaterra.

Sin mucho dinero ahorrado, un poco de miedo pero decidido a luchar por mi futuro, me planté en Londres. Tras unas cuantas entrevistas conseguí trabajo en una empresa que hacía discos duros. Al poco de empezar, la empresa fue comprada por Seagate (una multinacional americana). Y ahí estuvo el punto de suerte que toda historia merece. Tras dos años, Seagate decide prescindir de dicha fábrica y me ofrecen la posibilidad de trasladarme a Colorado, Estados Unidos.

No me lo pensé mucho y, tras consultarlo con Lorena, decidimos dar el paso.

 

En resumen, lo más cómodo es quedarte siempre cerca de la familia y amigos. Y no hay nada de malo en ello si consigues lo que tú quieres y eres feliz. Pero si no es así, deja de ponerte excusas y coge al toro por los cuernos. Mi experiencia es que los cambios acaban siendo a mejor. Sobre todos esos cambios que te dan miedo, que te sacan de tu zona de confort y te hacen esforzarte y sacar lo mejor de ti mismo.

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